¡Hola fantasmas de la red!
Mi nombre es Flori, y acabo de cumplir 30 años hace poco. En plena "crisis de los 30" empecé a añorar algo... ¿Qué sería?
Ah sí, mi juventud.
Seamos sinceros, ya no me siento joven, veo a mis familiares más cercanas, de menor y mayor edad y digo ¿soy como ellas? no.
Es decir, lógicamente tengo responsabilidades que me impiden hacer lo mismo que a los 20 (estar todo el tiempo que me diese la gana fuera de casa y no tener que rendirle cuentas a nadie), pero al mismo tiempo siento que todavía hay tiempo (aunque menos energía y menos paciencia). Hay patas de gallo que sobresalen. El surco nasogeniano cada año es más evidente y de vez en cuando me encuentro una cana loca en el pelo, pero son cambios tan superficiales y mi cara sigue siendo tan infantil (o cara pan, como me gusta llamarla a mí), que todavía no le doy mucha importancia.
Y así como cada año noto que me sale algo nuevo que me lleva directa con un billete de sólo ida hacia la decrepitud, también noto dos cosas: la primera, que cada vez me importan menos los demás (mi círculo social es tan reducido que a veces tengo que coger una lupa para verlo) y la segunda, que cada vez me conozco mejor y sé que es lo que quiero en mi vida y lo que no.
Y aquí llegamos a las "redes sociales".
Lo reconozco, sufro de FOMO "fear of missing out": el estar sin ver las RRSS y perderme lo que hacen mis amigas y la gente conocida, es sufrido. Más que nada, porque vivo fuera y las veo muy pocas veces al año.
El estar viendo las RRSS constantemente, compartiendo contenido aunque sólo sean memes, hace que me sienta más conectada a mis seres queridos. Y cuando digo redes sí, también me refiero a redes de mensajería.
Sin embargo, con el paso del tiempo, y sí sois como yo, que además de vivir lejos de casa, me encanta compartir cosas de libros y maquillaje, podéis caer en el horrible error de estar pendiente de las redes más tiempo del que deberíais.
Las redes no son como eran antes.
Las redes exigen que estés todo el día encima de ellas.
El algoritmo de Instagram domina tu mente. Bienvenido al Gran Hermano.
Se acabó esa época en la que te conectabas en el ordenador un ratito en casa, al terminar las clases, o por la noche, cuando estabas tan reventada de tus quehaceres diarios que ya no podías más.
Ahora estás aburrida en casa, coges un momento el móvil mientras tomas un café, abres TikTok y, a nada que te descuides, le has regalado media hora a ver vídeos de gente que no te importa una mierda (y por eso yo siempre le doy a la izquierda, donde pone "siguiendo").
Me acuerdo cuando, con 20 años, fui la última de mis amigas en tener un smartphone. Básicamente, me negaba a tener uno porque sabía lo que iba a pasar: me iba a enganchar. No hay nada como conocerse a una misma.


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